lunes, 6 de octubre de 2008

EL MANIPULADOR IVAN URDINOLA GRAJALES

LA PLATA LO PERSIGUE
Al ganar la lotería una vez más, las autoridades no saben si creer en la suerte de Urdinola o en sus acciones ilícitas.

REVISTA SEMANA

Fecha: 10/31/1994 -648
NO TODO HAN SIDO MALAS noticias para Iván Urdinola Grajales. A las pésimas relaciones que sostiene desde hace algunos meses con John Jairo Velásquez Vásquez, alias 'Popeye' y que por poco terminan en un verdadero zafarrancho en uno de los patios de la cárcel Modelo, se vino a sumar la inminente apertura de nuevos cargos por un presunto homicidio en el Valle del Cauca. Pero cuando Urdinola pensaba que la suerte le había volteado la espalda para siempre, la diosa fortuna le sonrió de nuevo, como en sus viejos tiempos de gallero apostador en El Dovio y Cartago (Valle del Cauca) y cuando menos lo esperaba pero más lo necesitaba, Urdinola Grajales se ganó el premio mayor de la Lotería de Bogotá, "la que más billete da".

En junio pasado, Urdinola Grajales dio poder al abogado Lubín Bohada Avila, para que reclamara 200 millones de pesos que se había ganado al comprar 10 fracciones de la lotería de la capital de la República. El abogado reclamó el cheque que fue expedido por la División Financiera y la Tesorería de la lotería en favor de Lorena Henao Montoya, esposa de Urdinola, quien a su vez representaba a su hijo menor, Oscar Iván Urdinola Henao, residente en la capital del Valle del Cauca. Después de los descuentos que la ley consagra para estos efectos, como el llamado Impuesto a Ganadores y la retención en la fuente, Urdinola recibió 132.800.000 pesos. El número con el cual ganó el premio fue el 5937 de la serie 1, vendido en Bogotá.

Pero el exceso de premios gordos de Urdinola empiezan a preocupar a las autoridades, que no saben si pensar que al narcotraficante lo acosa el dinero o si es que los deseados premios de las loterías están siendo utilizados para que personas acusadas de enriquecimiento ilícito justifiquen sus multimillonarios ingresos. De acuerdo con investigaciones de la Fiscalía, Urdinola Grajales se ha sacado el gordo de la lotería en varias oportunidades y en una de ellas llegó a ganar más de 600 millones de pesos.
Por lo pronto, las autoridades prefieren pensar que a Urdinola lo persigue la buena suerte y que no está evadiendo investigaciones fiscales, ni justificando dineros ilícitos, entre otras cosas porque es muy difícil para el Estado demostrar que Urdinola no se ha ganado el sorteo. De seguir así las cosas, el confeso narcotraficante estaría a punto de superar en el escalafón de ganadores de loterías a Evaristo Porras, una de las personas más afortunadas en esa materia en Colombia.

MALA RACHA
Al confeso narcotraficante Iván Urdinola Grajales cada día se le enreda más su situación judicial.
Fecha: 04/24/1995 -673
DESDE OCTUBRE PASADO las autoridades lo sospechaban. La suerte de Iván Urdinola Grajales, quien se había ganado en varias oportunidades los premios gordos de la Lotería de Bogotá, hacía pensar que más que suerte de gallero, lo que Urdinola tenía era todo un aparato operativo para lavar dinero (ver SEMANA #648). No era lógico para los organismos de seguridad que Urdinola se quedara una y otra vez con el premio mayor de la lotería. Detrás debería existir alguna maniobra delictiva.
Con estas sospechas varias unidades de la Subdirección de Policía Judicial e Investigación (Dijin) iniciaron una minuciosa investigación con el fin de aclarar los hechos. Los resultados se empezaron a ver a comienzos de este año, pero sólo hasta la semana pasada se pudieron absolver todas las dudas y llegar a una conclusión: Urdinola no tenía suerte de apostador.
En efecto, la Dijin logró establecer que el billete 5937 de la serie 1 de la Lotería de Bogotá del 26 de mayo de 1994, con el que la esposa de Urdinola, Lorena Henao Montoya, reclamó el premio mayor, no había sido comprado inicialmente por ella. Las investigaciones realizadas por este organismo de mostraron que el billete había sido vendido en varias fracciones en la zona de Honda y La Dorada a seis personas diferentes: cuatro que compraron cada una dos fracciones y otras dos que adquirieron una fracción individualmente. Lo que en otras palabras significa que era imposible que existiera un único ganador del premio mayor.
Según los organismos de seguridad algunas personas, actuando bajo las órdenes de Urdinola, estarían infiltradas dentro de la organización de la lotería con el fin de identificar rápidamente a los ganadores de cada sorteo. Después de realizar esta operación, los presuntos infiltrados buscan a los ganadores y les ofrecen cantidades superiores a las que han obtenido o simple y llanamente compran la fracción por el premio mayor sin contar la deducción por impuestos. El negocio es rentable tanto para Urdinola como para los ganadores. En primer lugar porque gracias a este mecanismo Urdinola puede justificar ante las autoridades algunos de sus millonarios ingresos, y en segundo porque los ganadores de la lotería no tienen que pagar el impuesto por ganancia ocasional, que en este caso reduciría el premio de 200 millones de pesos a 132.
El problema para Urdinola es que con las informaciones dadas por la Dijin la semana pasada, a su esposa podría abrírsele una investigación por el presunto delito de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero que, de llegársele a comprobar, podría terminar con una pena de entre tres y siete años de prisión. Y esto es precisamente lo que esperan los organismos de seguridad del Estado, que ya aportaron las pruebas a la Fiscalía General de la Nación para que inicie la investigación.
Definitivamente Urdinola anda con el Cristo de espaldas. Hace poco más de seis meses estaba a punto de quedar libre, pero una decisión de un juez de ejecución de penas le negó la libertad condicional que su abogado pedía. Posteriormente, la Fiscalía le abrió proceso penal por el asesinato del teniente Ricardo Andrés Petersson Bernal. Poco después le dictó medida de aseguramiento por su presunta participación en el crimen y ahora su esposa Lorena Henao tendría que rendirle cuentas a la justicia.

AJUSTE DE CUENTAS

Negocios de tierras desataron una guerra sin cuartel entre tres grandes capos del narcotrafico.

REVISTA SEMANA

Fecha: 02/09/1998 -819

La guerra entre los jefes de los principales carteles de la droga está al rojo vivo. Los escenarios han sido los pabellones de máxima seguridad de las cárceles La Picota, La Modelo e Itagüí. Desde allí se han impartido órdenes a las diferentes bandas de sicarios para que actúen bajo su ley. Los muertos se cuentan de lado y lado. En este pleito están enfrascados dos bandos. Por un lado el de Iván Urdinola Grajales, jefe del cartel del norte del Valle. El otro lo conforman Leonidas Vargas, jefe del cartel de la amapola en el Caquetá, y Jairo Correa Alzate, uno de los principales socios del extinto Pablo Escobar Gaviria. De acuerdo con los informes de los organismos de seguridad el motivo de la pugna tiene que ver con el negocio de unas tierras localizadas en las regiones del Magdalena Medio y Córdoba. Las primeras noticias sobre este enfrentamiento fueron conocidas por las autoridades a mediados de diciembre del año pasado. El 21 de ese mes fue asesinada una prima de Urdinola en el exclusivo sector de Ciudad Jardín de Cali. Ana Verthy Perdomo Urdinola cayó, junto con su esposo, bajo las balas de dos sicarios que se desplazaban en una motocicleta. Unos días después aparecieron muertas tres personas de confianza de Leonidas Vargas, quienes perdieron la vida en un fuego cruzado con una banda de asesinos. Las autoridades comenzaron a seguir la pista a estos crímenes y lentamente fueron armando el rompecabezas para establecer qué era lo que estaba ocurriendo. Todo pareció aclararse la semana pasada cuando la Fiscalía retuvo a una mujer en el pabellón de máxima seguridad de La Modelo. Ese jueves, primero de enero, María Cristina Barrera visitó en la prisión a Iván Urdinola. Al finalizar la reunión, y antes de que la visitante abandonara el penal, Urdinola pidió la presencia de funcionarios de la Fiscalía. Ante ellos denunció a Barrera por extorsión y amenazas contra su vida. Los organismos de seguridad descubrieron que la visita de María Cristina Barrera a Urdinola era para notificarlo de una extorsión por 5.000 millones de pesos y exigirle la devolución de las escrituras de una serie de propiedades que estaban a su nombre, pero que en realidad le pertenecían a Leonidas Vargas, Jairo Correa Alzate y varios de sus socios. También se logró establecer que si esas tierras no eran devueltas de inmediato la familia de Urdinola pagaría con su vida. Frente al ultimátum y la declaración de guerra Urdinola buscó aliados para combatir a sus enemigos. Fue así como, según informes de inteligencia, varios ex lugartenientes de Pablo Escobar ofrecieron sus servicios desde la cárcel de Itagüí en caso de que el hombre fuerte del norte del Valle los necesitara. En esa guerra declarada entre capos de grandes ligas, las amenazas pasaron a un segundo plano para darle vía al ajuste de cuentas. Tanto en el norte del Valle como en el Caquetá y el Magdalena Medio han sido asesinadas varias personas al servicio de los tres hombres que hoy están enfrentados. "Esta guerra puede ser igual de sanguinaria a las que se libraron en épocas de Escobar. La gente que está metida en ésta es muy brava y no le tiembla la mano para mandar matar a sus enemigos", dijo a SEMANA uno de los detectives asignados para la investigación de este caso. Los grupos en contienda han aprovechado este nuevo enfrentamiento para vengar muertes del pasado. De acuerdo con las investigaciones, la gente de Medellín quiere entrar a terciar en el pleito para saldar una serie de cuentas que tienen con Correa Alzate. Por esa razón sus servicios fueron ofrecidos a la gente del norte del Valle. También se logró establecer que varios de los atentados que se han perpetrado en los diferentes pabellones donde ha estado recluido Leonidas Vargas tienen que ver con esta guerra que hoy libran los tres capos. El más grave de ellos tuvo lugar a finales de marzo pasado cuando en una celda cercana a la de Vargas explotó una bomba de alto poder, la cual era manipulada por uno de los reclusos. Según las investigaciones adelantadas por el Inpec el explosivo iba ser utilizado por los sicarios para atentar contra la vida de Vargas.En varias oportunidades los enemigos de Vargas han tratado de asesinarlo. Una de ellas fue envenenando la comida. Como la guerra parecía desatarse sin cuartel el Inpec decidió realizar una serie de traslados _entre ellos el de Iván Urdinola_ con el fin de bajarle la calentura a los ánimos. Sin embargo la tregua no fue muy larga. A mediados de noviembre pasado la guerra se reactivó y desde entonces los ataques de uno y otro bando han sido sistemáticos. De las amenazas se pasó a los hechos y la sangre comenzó a correr, cobrando las primeras víctimas. Los analistas creen que esta pugna va más allá de una reclamación de tierras. Consideran que de por medio está el negocio del narcotráfico, cada vez más diversificado en pequeños grupos que ya no dependen de un solo jefe. Las cartas están sobre la mesa. Urdinola salió en su defensa y logró que la Fiscalía comenzara a investigar por qué una mujer fue a visitarlo a la cárcel con la misión de anunciarle que la guerra era en serio. Por el momento hay una calma chicha, pero se avecinan días de tormenta en un mundo en el cual la ley del Talión del ojo por ojo, diente por diente, terminará por imponerse. Así ha quedado demostrado hasta el momento y todo parece indicar que en este enfrentamiento ningún bando está dispuesto a ceder.